Columnistas
Escribe Silvana Tobón Cardona, habitante de Sabaneta, a raíz de las inundaciones, el cambio climático y la metropolización de su municipio: ..“Este es mi grito ahogado en tinta, mi manera de abrazar a quienes, como yo, aún creemos que las palabras pueden sanar heridas, despertar conciencias y, quizás, sembrar esperanza. Hace no muchos años, Sabaneta era un territorio pequeño donde las montañas se alzaban como guardianas verdes, donde el rocío de la madrugada tejía diamantes sobre las hojas de guayacanes y ceibas centenarias. Donde las quebradas cantaban, no con voz de lamento, sino con la fuerza serena de quien sabe que su cauce es vida. Sabaneta era eso, un suspiro de tierra fértil en el Valle de Aburrá, un lugar donde los niños perseguían mariposas amarillas y los ancianos contaban historias bajo la sombra de un platanal. Pero esta no es una fábula. Es la memoria de un territorio que hoy grita, que se desangra bajo el peso de una tragedia anunciada. Ayer, la montaña se derrumbó. No fue un acto fortuito, ni un capricho de la naturaleza. Fue el desenlace de años de heridas abiertas, cicatrices en forma de excavadoras, bosques convertidos en escombros, ríos entubados en hormigón. La tierra, cansada de soportar tanto peso, se deshizo. Los cerros que resistieron milenios cayeron en horas, arrastrando consigo casas, sueños, raíces. Las quebradas, asfixiadas por toneladas de cemento, recuperaron su furia ancestral y rompieron las cadenas que les impusieron”.
La sociedad, los territorios y las propuestas de desarrollo deben ir cada vez mas en función de aplicar elementos de modernidad, ecosistemas, descentralización, sostenibilidad, desconcentración, participación y democracia, bases para construir o proponer figuras administrativas, políticas y técnicas que permitan desarrollos incluyentes, generadores de mejores condiciones de vida, liderados por dirigentes progresistas, innovadores, pragmáticos y conectados con los problemas y las soluciones de las comunidades.
Construir un estado local, regional y nacional con responsabilidad, lleva a propender y a responder desde las administraciones y los entes que coordinan o vigilan los procesos, a entroncarlos e integrarlos con los verdaderos problemas, necesidades y sueños de la gente. Implican procesos de integración social, económico y cultural, priorización, focalización de proyectos detonantes, estructurales y estratégicos, haciéndolos posibles, con planeación, evaluación y generando pleno desarrollo para la mayoría de la población.
Con el Área Metropolitana vendrá la centralización del poder, la hegemonía y concentración de decisiones, un solo municipio aprobará la planeación y las obras del Altiplano, sin incluir a los 23 municipios del Oriente, labrando el camino para la entrega de todos los servicios públicos a EPM, con la desaparición y liquidación de los acueductos veredales y comunitarios y de las Empresas Municipales de servicios públicos. Se requerirán nuevos impuestos cobrados a la población para financiar las obras y un solo municipio definiría rutas, empresas de transporte, aprobación de tarifas, ingresos de nuevos vehículos y manejo de reposición y chatarrización de los carros. Un único distrito definirá y nombrará al personal de la entidad metropolitana, así como orientará la política de vivienda de interés social y prioritaria, definiendo subsidios y asignación de cupos a los beneficiarios. Se dará un control unilateral del orden público y la seguridad ciudadana, priorizara, definirá y contratara las obras públicas para los otros municipios. Habrá imposición y decisión en cuanto a USOS DEL SUELO, normas urbanísticas y densidades de desarrollo hacia las demás localidades y no obligará a que haya participación, veeduría ni rendición publica de cuentas hacia la ciudadanía.
La nueva figura metropolitana, buscara la urbanización extendida, sin control ni sostenibilidad de todo la region del Altiplano sin priorización del desarrollo rural y sus actividades agropecuarias, ambientales y de servicios. Sus modelos de progreso se trabajarán desde el desarrollismo, dejando en un segundo plano o desconociendo lo social, lo humano, lo cultural y lo ambiental del territorio.
Colombia y el Oriente Antioqueño necesitan figuras que no centralicen el poder, no marginen a los campesinos, que respeten los derechos colectivos, cuiden el ambiente, defiendan el agua y respeten y protejan la vida en todas sus manifestaciones. Que valoren la agricultura campesina, los conocimientos ancestrales, la tradición, la agroecología, apoyen a los agricultores, protejan la tierra y fomenten la soberanía alimentaria. Que conserven y defiendan las rondas hídricas y el medioambiente, sin poner en riesgo ríos, humedales y bosques.
Una figura que no acelere el crecimiento, pero si el desarrollo integral, en donde la vida tranquila de la region no se vea afectada, sin cambiar naturaleza por cemento y los ecosistemas no pierdan su lugar. Que traiga paz y no tráfico, sin humo y sin ruido. Una figura que equilibre el desarrollo urbano sin perjudicar al campo, que defienda la equidad y el ambiente, que preserve la cultura campesina ancestral sin transformar a Oriente en una masa amorfa. Que no priorice intereses urbanos sobre la sostenibilidad y la vida del territorio, considerando las herencias culturales. Que incluya a los 23 municipios y dé voz a la economía campesina y solidaria.
Una herramienta en donde se roten y dinamicen los liderazgos, las personas y entidades coordinadoras del desarrollo sin poderes de veto sobre el Plan de Desarrollo regional, el presupuesto y las decisiones de la junta directiva, que haya participación de la ciudadanía y que cualquier tema por simple o complejo se estudie y analice antes de ser declarado hecho regional. Una figura que gestione y ordene el territorio con base en el agua.
Las apuestas y propuestas de integración deben proyectar un escenario en donde todos ganen y no solo sean negocios para pocos, que a fuerza de imponer ideas retrogradas y centralistas, quieren mostrarse como beneficiosas. Las ideas y apuestas de concentrar poder, dinero, decisiones, vetos y definiciones en pocos personajes o incluso en uno solo, afectan y violan claramente elementos de la democracia y se agravan si no se cuenta con veedurías ciudadanas, auditorias y rendición publica de cuentas. Las capacidades de la gente no pueden ser desconocidas, como si se tratara de pobladores incapaces y en estado de profunda ignorancia.
Defender figuras arcaicas, anquilosadas como las Áreas Metropolitanas, solo hacen que el estado sea cada vez mas distante del ciudadano, haciendo que los programas y proyectos no lleguen a la gente y se violen claras normas de la construcción colectiva de los territorios.
Los resultados negativos de la Áreas Metropolitanas, se ven palpablemente en el desorden de espacios, desafíos no resueltos y la prevalencia en inversiones de algunas infraestructuras que solo benefician parte de la población. Las ciudades y zonas sometidas a estas figuras denotan caos, infartos de movilidad, contaminación, desorden e indisciplina en todos los frentes, generando incapacidades para cerrar las brechas del desarrollo.
Aprobar, apoyar y constituir figuras cuestionadas como las Áreas Metropolitanas, solo demostrara la incapacidad mental de la ciudadanía del Oriente, acudiendo al menor esfuerzo y a la mediocridad para resolver situaciones que perfectamente podrían constituirse con amplia participación ciudadana, recogiendo los mejores ejemplos del mundo o incluso acudiendo a nuestra creatividad para inventar y poner en marcha, figuras que podrían funcionar mejor, logrando territorios con óptimos estándares de vida a través de fomentar la constitución con sujetos políticos participantes, programas de cultura ciudadana y empoderamiento colectivos.
Retomando las palabras de Silvana de Sabaneta: ….“Los gobernantes de las últimas décadas hablaron de “futuro”, pero su lenguaje fue el de la codicia. Permitieron que especuladores convirtieran montañas en lotes, que bosques se vendieran como oportunidades de negocio, que el aire puro se cotizara en metros cuadrados. Soñaron con una Sabaneta moderna, pero la modernidad que ofrecieron fue la de la desconexión con la tierra, con la memoria, con las comunidades. Y ayer, el territorio cobró factura. Las quebradas desbordadas no distinguieron entre ricos y pobres; el lodo sepultó la indiferencia. Las grietas en el suelo son también grietas en un modelo de desarrollo que prioriza el concreto sobre la vida, el individuo sobre lo colectivo. ¿Dónde queda la esperanza?. Entre la rabia y la semilla. García Márquez escribió que la tragedia era evitable si alguien hubiera escuchado los presagios….. Sin embargo, aún queda un hilo de luz. En medio del caos, vecinos se unen para cavar zanjas, para abrazarse, para compartir un plato de comida. La esperanza está en entender que el “progreso” no puede ser una excusa para arrasar lo sagrado. Necesitamos líderes que planifiquen con los pies en el barro y la mirada en el horizonte, no en las cuentas bancarias. Que reconozcan que una ciudad sostenible no es la que tiene más edificios, sino la que sabe convivir con sus ríos, sus bosques, sus leyendas. Y si, esto es un llamado a la conciencia y ver a Sabaneta como un espejo. Lo que sucede aquí es un reflejo de lo que ocurre en todo Antioquia, en toda Colombia, en un mundo donde el afán de crecimiento ignora los límites de la naturaleza. Si permitimos que Sabaneta muera, perderemos un pedazo de nuestra alma colectiva. Y si eso pasa en el municipio más pequeño del país, que podemos esperar?. Hoy, más que nunca, debemos replantearnos: ¿Qué futuro queremos? ¿Uno donde los niños crezcan sin ver las estrellas, donde los ríos sean cloacas, donde el miedo a los derrumbes sea cotidiano? ¿O uno donde el progreso se mida en raíces restauradas, en cielos despejados, en comunidades que cuidan su territorio como un altar?……. Que esta tragedia no sea en vano. Que el lodo que arrasó esas nobles almas y las calles, lave también nuestra ceguera. Porque, como escribió el poeta, “solo cuando el último árbol esté muerto entenderemos que el dinero no se come”. Sabaneta clama por un futuro donde el jaguar pueda caminar de nuevo, donde las quebradas vuelvan a cantar, y donde los sueños no se construyan sobre escombros. Nos debemos esa utopía.”
Es necesario y urgente, tomar decisiones que nos permitan encontrar las mejores propuestas para coordinar el desarrollo regional, pero estas indefectiblemente tienen que estar conectadas con la filosofía, los principios y la argumentación basada en principios éticos, complejos y modernos del desarrollo: planeación humana, sostenibilidad, aliadas con la ciencia, la innovación y la tecnología.
Las figuras existentes como la provincia, a la que le faltan dientes, recursos y mas administración, no han funcionado a cabalidad, pero con consenso, creatividad y mucho amor, pueden mejorarse sustancialmente. Con liderazgo de quienes eligen y a quienes se eligen, determinar las funciones y complementar su quehacer o crear otras herramientas que respondan a esos sueños de los pobladores Orientales, que siempre ha mostrado caminos recursivos, creativos e innovadores para varias problemáticas colectivas.
Asumamos los retos como ciudadanos de repensar el desarrollo, bajemos las armas de la avaricia, el negocio, el liderazgo falaz y encontrémonos para seguir avanzando en la seguridad humana integral hacia un Oriente integrado, unido en un solo corazón para las 23 comunidades.
“Las opiniones expresadas en este artículo son personales y no reflejan necesariamente la postura de Oriente Capital”.