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El Humedal de segundo nivel

Hace prácticamente cinco décadas se desarrolló un importante paro cívico en La Ceja del Tambo. Los estudiantes del IDEMBUL se organizaron para bloquear las entradas y salidas del municipio con unas barricadas que denominaron “peñas culturales”, como respuesta a los incumplimientos reiterados del gobierno frente a los compromisos de construir nuevos espacios en la institución y completar la planta docente.

Las manifestaciones, que iniciaron de manera pacífica, se tornaron violentas luego de que algún ciudadano embistiera las barricadas con su automóvil, a partir de lo cual se desencadenaron situaciones sangrientas como la muerte del estudiante Rodrigo García, y el enfrentamiento a piedra de gran parte de la comunidad contra la policía.

Este episodio está ampliamente documentado en un libro que, en mi opinión, es una invaluable joya de la literatura cejeña: “Memoria histórica del paro cívico del 12 de mayo de 1977. Lucha por la educación pública secundaria”, del buen amigo Diego Armando López, popularmente conocido como Pigua.

Tal como lo comprendió Úrsula Iguarán en Cien Años de Soledad, el tiempo no es una línea recta y da vueltas en redondo. Casi 50 años después, la misma institución educativa se encuentra en una dinámica social similar: Descontento con decisiones del gobierno, sensación de abandono estatal, estigmatización como guerrilleros, convocatoria a espacios de supuesto diálogo que no son tal, e ineficacia de las vías institucionales para hacer prevalecer sus derechos.

El florero de Llorente en el año 2026 es un lote, que por años ha estado enmarcado dentro de los límites físicos del colegio, y en el que abundan las especies de fauna y flora; espacio, además, que la comunidad educativa entiende como propio, toda vez que allí podrían desarrollar actividades pedagógicas en el campo de las ciencias naturales y, algo que parece una nimiedad, respirar aire puro.

Se ha generado una discusión altisonante entre el estudiantado y el gobierno municipal. La Administración Municipal propone que el lote sea utilizado para la construcción de un hospital de segundo nivel, a todas luces necesario para La Ceja. Los estudiantes, rector, parte de la planta docente, padres de familia y miembros de la comunidad en general, entre ellos su servidor, abogan para que esa porción de tierra no sea utilizada para el proyecto de hospital, sino que se conserve su uso actual, como espacio educativo y zona de reserva ambiental.

Hay muchos detalles que han escalado la discusión al terreno de lo cuestionable e incluso de lo peligroso. La administración ha tenido varias salidas en falso, entre las cuales podemos destacar el desenglobe silencioso del predio, el acceso intempestivo al terreno sin previa concertación con los directivos del colegio, y la minimización de la protesta estudiantil.

Uno de los hechos más llamativos es el de recoger firmas, según manifestaron algunos ciudadanos, para documentar el supuesto apoyo popular al hospital. Colombia es un estado social de derecho, donde prima la dignidad humana, la participación democrática, el pluralismo y los mecanismos de protección. No es un estado de opinión, donde prevalezca la opinión de una mayoría -ficticia y coaccionada – representada en firmas. Es un estado en el que las comunidades, incluidas las minorías, están representadas en el ámbito local, a través de los concejales. En esto quiero ser contundente, NO está bien satanizar y perseguir al concejal que actúa como vocero de los estudiantes. Tampoco tiene mucho sentido pensar que el hecho de recoger muchas firmas le de validez democrática a la decisión de la alcaldía.

Otro hecho que me parece de suma gravedad es que, según las declaraciones de algunos funcionarios convocados por la alcaldía, el rector de la institución Bernardo Uribe Londoño no puede opinar ni tomar partido en contra del proyecto de hospital. Nada bueno ha salido de los sistemas de gobierno absolutistas, antidemocráticos, donde opinar es un derecho reservado para los funcionarios y simpatizantes del partido de gobierno. El rector y, de igual modo, la comunidad, tienen derecho a expresar sus ideas por las vías y mecanismos estipulados por la ley colombiana. En todo caso, deja mucho que pensar una postura que cuestione el derecho a cuestionar. El pensamiento crítico y las instituciones inclusivas, son en gran medida la base para un mayor desarrollo de los territorios. Esto lo estudiaron Daron Acemoglu y James Robinson en “Por qué fracasan los países”, y es menester que lo estudien los notables planificadores del gobierno local.

El último detalle que deseo profundizar es la inmensa preocupación que me produce el perfilamiento, hostigamiento y estigmatización directa a los líderes académicos, políticos y sociales que se oponen al proyecto. Me refiero específicamente a una carta que se ha compartido por redes sociales, en la cual se solicita un cambio de rector y se acusa a determinados personajes de la política local de estar adoctrinando e instrumentalizando jóvenes. Esto raya con lo inaceptable. En Colombia, por acusaciones menos directas hemos tenido víctimas que lamentar. No es un detalle anecdótico, no es una dinámica normal de la sociedad. Señalar al que piensa diferente, en un país como el nuestro, suele tener consecuencias nefastas.

Como economista, tal cual lo manifesté en mis redes sociales y las de la alcaldesa, recomendaría que se realice un serio análisis de alternativas. Uno que incluya la valoración de servicios ecosistémicos del lote del BUL, y se contraste contra la alternativa de adquirir un lote semejante en otra ubicación. No compro ciegamente el argumento de que este sea el único lote posible. La Ceja es un municipio en expansión urbana y presupuestal, estimo que, con un poco de orden fiscal, disminuyendo costos burocráticos y sacrificando proyectos menos estratégicos, podríamos comprar otro terreno y hacer el hospital de segundo nivel.

Más allá de si el lote del BUL es un humedal, cuestión en la que también hay discusiones de forma y de fondo, debe recordarse que un sistema municipal de cuidado brinda a los estudiantes mayores y mejores espacios, protege el medio ambiente como fuente de salud para todos, y entiende que los proyectos deben ser concertados con la comunidad. El proyecto en cuestión aún está muy crudo, no tiene claras las fuentes de financiación, no cuenta con algunos de los estudios requeridos, y, por supuesto, no ha dimensionado esas externalidades negativas que pocos mencionan: contaminación auditiva para el colegio, riesgo biológico, caos en la movilidad del sector, por mencionar algunos.

En uno de sus frecuentes videos la alcaldesa dijo que esperaba ser recordada como una persona que tuvo el carácter y la perseverancia para materializar la obra, omitiendo que la historia también ha recordado con cariño y admiración a varios personajes que han cambiado de opinión oportunamente. Uno de ellos, Deng Xiaoping, dijo al cambiar al comunismo por el socialismo con características chinas, que no le importaba si el gato era blanco o era negro con tal de que cazara ratones. ¿No hay otro lote en La Ceja que cace ratones?

En definitiva, dice el conocido refrán, quien no conoce la historia está condenado a repetirla.