EDITORIAL
Las empanadas son la verdadera economía popular. En 2022, por iniciativa de Felipe Hoyos, uno de los fundadores de Oriente Capital, estructuramos un concurso gastronómico alejado del estándar regional de hamburguesas gourmet y restaurantes boutique que predominaba en la región. Se llamó Empanada Fest y tuvo por objetivo visibilizar a las personas —especialmente madres cabeza de familia— que se aseguran un sustento diario con la venta de suculentas empanadas por todo el municipio de La Ceja.
Integramos herramientas digitales e instrumentos de investigación de mercado en la dinámica del concurso, lo que nos permitió dimensionar el tamaño del mercado y el impacto del evento en la economía local.
Encontramos que en la jurisdicción existían aproximadamente un punto de venta de empanadas por cada 1.000 habitantes, y que la compra promedio de un cliente, traída a precios de hoy, era alrededor de $4.000 pesos. Las ventas totales del sector de empanadas al mes en el municipio de La Ceja fueron de aproximadamente $61 millones, es decir, $1.360.000 por cada puesto de empanadas. Con la realización del festival logramos llevar las ventas a $1,7 millones por participante, lo que representó un crecimiento del 24%.
El Empanada Fest contó con 45 participantes voluntariamente inscritos, pero logramos mapear caminando las calles unos 10 más. Es decir que de este rubro de la economía popular dependían como mínimo unas 55 familias del municipio, aproximadamente 180 personas. En términos de población, diríamos que el 0,4% de las personas —4 de cada mil— dependían de las ventas ocasionales de este producto. Esta estrategia nos ayudó no solo a identificarlos sino a fortalecerlos con algunos elementos de capital de trabajo, indumentaria, herramientas de digitalización del negocio, marketing digital, entre otras estrategias.
Si extrapoláramos este valor a la población del oriente antioqueño en 2025, alrededor de 750.000 personas, y mantenemos una proporcionalidad en la creación de puestos de comida con relación al tamaño poblacional, tendríamos que para la región deben existir unos 750 puntos de venta de empanada, y sus ventas totales rondan los $1.000 millones de pesos mensuales.
En su momento, el festival de la empanada fue una respuesta independiente a la apatía de la institucionalidad frente a la demanda de apoyo por parte de sectores económicos populares e informales. Su mayor éxito fue ser reconocido por la comunidad, incluso por encima de los concursos gastronómicos oficiales. Esta bonita experiencia nos muestra cómo el poder de una empanada cambia cientos de vidas, y así una tradición cultural se convierte en motor de desarrollo económico.
PS: Lástima que lográramos constituir el festival como un evento de ciudad mediante acuerdo municipal, cosa de la que al parecer nadie se acuerda, o a nadie le interesa hoy en día.